HOLA, EXTRAÑO

Por - noviembre 24, 2015

Todos tenemos a esa persona en nuestra vida que nos hizo trizas, deshizo todo lo que somos y nos dejó en el suelo sin tener la decencia de ayudarnos a levantar. Nos dejan sintiéndonos como que no somos suficiente, esa fe que teníamos en nosotros mismos y en el amor, se apaga lentamente al pasar de los días.

Es la primera vez que nos pasa y el salir de una situación como esa está en nosotros mismos, pero Dios sabe que no podemos solos y nos manda ángeles disfrazados para ayudarnos con el resto. Esta es una carta que le escribí a ese ángel que llegó a mi vida cuando lo necesitaba y me ayudó a poner en su lugar piezas clave, que me ayudaron a salir adelante en mis dolores del alma, a creer en mí y tomar la decisión de amarme un poquito más.


Hola extraño…

Son las 04:20 de la madrugada de un Domingo y me acordé de ti. Si, he estado pensando en ti y en lo agradecida que estoy con Dios por ponerte en mi camino… Quiero recordarte algo que me dijiste un día: “Vas a ser un parteaguas en mi vida”, ¿Te acuerdas? Pues yo creo que salió al revés y sin querer tú terminaste siéndolo en la mía, aunque tal vez no de la misma manera.

Esto que escribo hoy es para agradecerte… Agradecerte porque me viste con los ojos que siempre quise ser vista, viste en mí a la persona que yo siempre he querido ver cuando me miro en el espejo. Sé que el amor verdadero e incondicional existe, lo vi por 22 años en mi papás, pero tú me diste la oportunidad de vivirlo en carne propia y te agradezco infinitamente por eso.

Me veo a mí misma como a un rompecabezas de 1000 piezas, de esos que nadie se anima a armar pues solo ven un montón de piezas sin orden y no saben por dónde empezar. Tú desde el primer día viste la fotografía completa, el resultado final, lo que soy, y esas 1000 piezas no te intimidaron ni un poquito. Creo que tal vez piensas que no pudiste armar mucho, pero lo hiciste, pusiste muchas piezas en su lugar... Piezas que son clave para seguir armando ese rompecabezas tan “imposible”, que de ahora en adelante es mi tarea.

 En tan poco tiempo me enseñaste muchas cosas... Me enseñaste que el amor verdadero e incondicional existe, porque a pesar de haberlo sentido antes, me di cuenta de que nunca lo había recibido y por eso te doy las gracias. Gracias por:

·         Las comidas preparadas.
·         Pasearme.
·         Ser paciente.
·         Los abrazos en silencio cuando no podía dejar de llorar.
·         Escucharme.
·         Compartir conmigo tus secretos y tus miedos.
·         Mostrarme todos los días que soy digna de admiración.
·         Aceptar tus errores y hacerme ver los míos.
·         Enseñarme la luz en donde yo solo veía oscuridad.

Hola extraño…

Porque decir tu nombre está de más, los misterios se revelan solos ante la persona correcta. Y eso somos, extraños, pero de esos que con una mirada se dicen…

Gracias, estoy bien y hasta pronto.


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